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¿Qué es la meditación?

En la vida de cada uno de nosotros ha habido momentos en los que hemos experimentado una sensación más profunda de conexión, de totalidad y pertenencia que de ordinario. Lo más probable es que esos momentos más profundos de sabiduría, amor y vitalidad lleguen de manera inesperada.

¿Cuándo te sentiste lleno de vida de un modo más pleno y dichoso? ¿Cuándo sentiste la excitación de actuar de un modo perfecto? ¿Cuándo dejaste que tu corazón se abriera tiernamente para amar y ser amado? ¿Cuándo fluías con el momento y sentías una perfecta armonía con el mundo en el que vivías? Rememora esos momentos en que ayudaste a alguien o dejaste que alguien te cuidara, esos momentos en los que vislumbraste y comprendiste el milagro de la creación y de que formabas parte de ella.

Si examinamos las cualidades de sentirnos llenos de vida de aquellos momentos, descubriremos que habíamos puesto toda nuestra atención en lo que estaba ocurriendo y que la mente y el cuerpo actuaban como uno solo. Esas son las cualidades que se cultivan, maduran y despiertan en nuestra vida al practicar la meditación. Esos momentos de profundo reconocimiento despiertan en nosotros la aspiración a despertar a la autenticidad y plenitud de quien verdaderamente somos, y pueden llevarnos más tarde a dedicar nuestra vida a ayudar a los demás a alcanzar lo mismo. En general, nuestra atención está bastante dispersa y nuestra vida fragmentada. Nuestra mente y nuestro cuerpo parecen estar desconectados entre sí. A menudo estamos ensimismados en nuestros pensamientos y solo permanecemos superficialmente en contacto con la realidad y la intensidad de nuestras experiencias interiores y exteriores. ¿Cuán a menudo nuestra mente está lo bastante concentrada, serena, clara o abierta para percibir la interacción de las intuiciones y revelaciones que forman parte de forma natural aunque muy sutil de nuestra vida? ¿Cuántas valiosas percepciones, ideas decisivas e inspiraciones han danzado por nuestra mente, brillando durante unos momentos de lúcida claridad, solo para desvanecerse más tarde porque el nivel de ruido de nuestra mente-cuerpo era demasiado elevado para oír esos sutiles susurros siempre latentes en nuestra vida humana?

¿Cuántos problemas podrían haberse evitado si hubiéramos estado más arraigados en nuestra totalidad y más presentes, explorando "dentro" en lugar de "fuera" y más en contacto con nosotros mismos, con los demás y nuestro entorno?

Aunque mucha gente considere el estado de su mente como algo inalterable, las investigaciones y experiencia han demostrado que a través de un adecuado adiestramiento y disciplina, mejora la cualidad de la atención, la inteligencia y creatividad y que pueden desarrollarse otras facultades mentales. Los individuos motivados son capaces no sólo de mejorar su salud, sino de incrementar su poder cerebral, mejorar la creatividad, aumentar la duración y la cualidad de su vida, despertar una mayor empatía y compasión y ampliar el alcance de su contribución al mundo. Independientemente del trabajo que realicemos, la mente-cuerpo es nuestro instrumento principal, sin embargo al crecer, pocos de nosotros aprendimos ni siquiera la más básica habilidad para asegurar su óptimo mantenimiento y ajuste. ¿Acaso los padres, maestros, el personal sanitario, nos han enseñado técnicas para eliminar el estrés y la tensión, para aprovechar y centrar el poder de la mente u obtener una percepción más profunda de las cosas?

Ante la complejidad creciente del mercado moderno se nos exige que pensemos, reunamos y procesemos la información, evaluemos, comuniquemos y actuemos a una velocidad cada vez mayor. Cuando la exigencia de la situación (laboral, social, fisiológica o psicológica) sobrepasa nuestras facultades de responder adecuadamente, nos sentimos presionados y angustiados. Apenas preparados para afrontarlo y menos aún para alcanzar los niveles más elevados de rendimiento y mantenerlos, mucha gente queda atrapada en una espiral descendente que agota su vitalidad y mina su salud. Una de sus consecuencias es que presenciamos una creciente epidemia de enfermedades relacionadas con el estrés e innumerables accidentes y problemas para los negocios y la sociedad. Cuanta más intensa sea nuestra angustia, más débil será la calidad de la atención, enjuiciamiento, creatividad y destreza con la que trabajaremos y más errores cometeremos. Cuanto mayor sea el nivel de angustia más inclinados nos mostraremos a tener relaciones conflictivas o a desarrollar enfermedades mortales.

Aprender a escuchar la sutil corriente de susurros interiores nos permite acceder tanto a los signos que nos ponen en guardia como a las percepciones intuitivas, que pueden ayudarnos a reconocer la materia prima interior que nos ayudará a hacer importantes progresos en cuanto a planear con creatividad y resolver los problemas, y al mismo tiempo nos avisará de los primeros signos de estrés que estemos acumulando o de la enfermedad que nos esté invadiendo. Sin embargo, con demasiada frecuencia el sensible sistema de circuitos mental y físico de la mayoría de las personas está tan sobrecargado y lleno de ruido que no puede escuchar los sutiles susurros intuitivos y reveladores que forman parte natural de nuestra vida.

Las disciplinas del trabajo transformador interior nos confieren poder porque nos enseñan a cambiar el mundo desde nuestro interior pues las malsanas emociones solo pueden controlarse, remodelarse y recanalizarse mediante las técnicas que la meditación ha desarrollado.

 

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