mudra garuda - Begoña Azcano

 

Vipassana

Vipassana significa ver con claridad y comprender nuestro cuerpo, nuestro corazón, nuestra mente y el mundo que nos rodea, ayudándonos a relacionarnos con él de una forma más inteligente y compasiva. La práctica de la meditación Vipassana constituye la esencia de la enseñanza transmitida originalmente por el Buda, una práctica que la tradición Theravada del sur de la India ha mantenido inalterable desde hace más de 2500 años. No obstante, no se trata de una práctica "oriental" sino que constituye una herramienta útil para todo aquel que quiera despertar a la verdad de la vida y alcanzar de este modo, la auténtica libertad.

Con Vipassana observamos las cosas sin juzgar. Se trata de "ver" correctamente aceptando las cosas como son, sin la contaminación de nuestros juicios de valor, nuestros condicionamientos mentales, creencias, patrones de hábitos y limitaciones de nuestros conceptos. Cada uno de nosotros ha tenido que hacer frente a situaciones amenazantes que nos han llevado a cubrir nuestra nobleza innata, hemos olvidado nuestra naturaleza esencial. La mayor parte del tiempo actuamos desde la capa protectora. El principal objetivo de la meditación Vipassana es ayudarnos a ver debajo de la armadura y destapar nuestra bondad original. La psicología occidental se basaba en un modelo médico y aún hoy sigue centrándose en la patología. La psicología budista sin embargo, nos enseña a reconocer nuestro sufrimiento individual desde la vergüenza y la depresión a la ansiedad y la aflicción ayudándonos a trabajar con el origen de este dolor en la psique humana. Lo importante de estas prácticas es que ponen el acento tanto en la práctica y entrenamiento como en la comprensión. En vez de ir a terapia a comentar tus problemas una vez por semana, existe una pauta de entrenamiento y disciplinas que se realizan con una continuidad diaria para ayudarnos a comprender y practicar formas saludables de ser.

Podríamos decir que la meditación obedece a un triple objetivo: abrir lo que está cerrado, equilibrar nuestra manera reactiva de comportarnos y explorar e investigar lo que permanece oculto. Abrirse, equilibrar y explorar constituyen pues, los tres motivos fundamentales de la práctica.

¿Qué es lo que está cerrado en nosotros?
Nuestros sentidos y nuestro cuerpo. Pasamos la mayor parte del tiempo pensando, juzgando, fantaseando y tan profundamente sumergidos en nuestros sueños que no prestamos suficiente atención a la experiencia directa que nos proporcionan los sentidos: la vista, oído, olfato, gusto y el tacto. Por otro lado nuestra atención suele estar tan dispersa que las impresiones sensoriales nos llegan sumamente amortiguadas. No obstante en la medida en que la práctica de la meditación fortalece nuestra atención y nuestra conciencia, dejamos de malgastar el tiempo enfrascados en nuestros pensamientos y nos tornamos más sensibles y receptivos a las sensaciones sensoriales. Y no solo eso sino que nuestro cuerpo también comienza a abrirse. A menudo, la energía no fluye libremente por el cuerpo pero en la medida en que nuestra conciencia va interiorizándose, comenzamos a experimentar de un modo claro y preciso la forma en la que se acumulan las tensiones, los nudos y los bloqueos musculares.

¿Qué entendemos por reacción?
Nuestra mente movida por apegos, rechazos, juicios, comparaciones, prejuicios y censuras es reactiva. La mente es como una balanza de precisión que en el momento en que se identifica con algún juicio o que establece algún tipo de preferencia, gusto o rechazo, aprecio o aversión, pierde su equilibrio y se ve arrastrada por el torbellino de la reactividad. Sólo podremos mantener el equilibrio y el reposo cuando aprendamos a utilizar el poder de la atención plena, esa cualidad de la conciencia que es capaz de percatarse sin elegir y sin establecer ningún tipo de preferencias. Se trata de una conciencia sin elección, que resplandece por igual sobre todas las cosas.

El tercer aspecto consiste en investigar lo que está oculto hasta llegar a desvelar la verdadera naturaleza de nuestra experiencia. Lo único que permanece oculto es la verdad y dos de los principales modos de encubrir la verdad consisten en la identificación con ella y en la tendencia a perdernos en los conceptos. Solemos confundir la experiencia con las ideas que nos forjamos sobre ella y en este sentido, un aspecto fundamental de la práctica meditativa consiste en aprender a diferenciar entre el nivel de la conceptualización y el nivel de la experiencia directa.

 

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